Imagen creada con IA generativa de Firefly Gemini.
Una suave brisa fue suficiente para introducir una ligera bolsa de plástico en la dársena, que danzaba ligeramente de unlado a otro ante los vehículos. El responsable de las instalaciones, con la intención de recogerla para evitar que pudiese adherirse a algún motor caliente, se aproximaba lentamente hasta su posición evitando interrumpir la circulación vial. Le restaban tan solo tres metros para alcanzarla cuando se le adelantó un usuario que en lugar de recogerla, le lanzó un voluminoso escupitajo verde que con su peso frenó en seco la elegante danza posándola sobre la calzada.
Con la cara desencajada por el estupor y sin llegar a salir de su asombro, el encargado de la dársena volvió sobre sus pasos para ir en busca de alguna herramienta que le evitase coger la bolsa con sus propias manos. Cuando regresó, la bolsa había desaparecido.
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Bill había llevado su vehículo al taller mecánico es misma mañana, hacía unos tres días que notaba un desagradable olor a quemado que parecía tener origen en el motor.
La buena noticia que le estaba dando el mecánico era que su vehículo se encontraba en perfecto estado. Le mostró un pegote plástico adherido en una de las piezas y que era el responsable de producir ese olor cuando el motor se calentaba y lo iba derritiendo poco a poco. Con el tiempo, cuando ya no quedase rastro del plástico, el olor desaparecería.
La mala noticia era que eso no le libraría de tener que abonar la factura de una revisión innecesaria.