Imagen generada con la IA generativa de Grok.

Conducía por una carretera estrecha a una velocidad moderada. Era un día gris y lluvioso. La calzada, húmeda, no podía presumir de estar en un óptimo estado de conservación y eso lo mantenía muy atento a todo lo que sucedía a su alrededor.
En una recta sin arcén, un autobús cargado de pasajeros se aproximaba a su encuentro. Calculó el espacio y aunque podían pasar ambos vehículos, la maniobra era muy ajustada y complicada.
A unos metros existía una bifurcación hacia la izquierda y creyó que la mejor opción sería acelerar para llegar hasta ella antes que el bus se apartase ayudándolo a pasar con total comodidad. Así lo hizo.
Lejos de agradecerlo, el chófer lo miraba negando con la cabeza y un pasajero que viajaba de pié, a su lado, le hacía gestos con su dedo índice tocándose la sién y dándole a entender que lo tomaba por loco en ese universal código de signos que todos entendemos para terminar señalando lo que había tras él en la pista donde se había resguardado.
Por un momento pensó que había hecho algo que no debía o que se le había atravesado a algún vehículo que no pudo detectar durante su maniobra, pero cuando dirigió su mirada hacia donde le indicaba ese hombre desconocido, lo único que pudo ver fue un cementerio al final del camino. Entonces lo entendió. No acostumbrados a la cortesía en carretera, ambos personajes lo habían tomado por un temerario que perdió el control de su vehículo y que no se había matado de milagro.
Back to Top